Columnas

Un estuche para la vida

«El Derecho a la Ciudad» de Salvador García Espinosa

No tengo la menor duda que todas las personas, en más de una ocasión, hemos tenido la oportunidad de regalar a otra persona algún objeto, con motivo de una celebración, como su cumpleaños, su boda, el nacimiento de un familiar, bautizo o simplemente por el placer de reunirse y volver ver a ese ser querido. Las posibilidades de obsequios son prácticamente infinitas: chocolates, flores, una prenda de ropa, un accesorio de vestir, un utensilio para el hogar, un adorno para la oficina, un perfume, un cuadro, un reloj, una pluma y un interminable etcétera, pues todo dependerá de los recursos económicos y el afecto, cercanía, compromiso de quien otorga el obsequio y del motivo, edad y muchos otros aspectos de quien recibirá dicho regalo.

Un elemento relevante, en todos los casos, es la forma en la que se presenta el obsequio, es decir el estuche en el que se otorga. En el caso de algunos objetos de gran valor, son diseñados de forma exclusiva, basta ver las botellas en las que algunos licores se venden, incluso se entregan en cajas perfectamente acondicionadas para que el presente luzca y se proteja de golpes o posibles daños al transportarlo. Caso similar acontece con los perfumes, relojes, collares, anillos, etc. Hay casos en donde los estuches tienen otros usos, debido a que su vida útil es mayor que el producto, como es el caso de las cajas de chocolates que después se utilizaban para guardar cartas o aquellos antiguos botes de galletas que, en la mayoría de los casos perduraban porque se convertían en los costureros de la abuela.

Algunos otros estuches se diseñan de forma distinta porque tienen como objetivo principal ser duraderos, proteger al objeto durante su vida útil, garantizar que será transportado sin riesgo, etc., como es el caso de los lentes, las cámaras fotográficas, telescopios, de algunos aparatos médicos, instrumentos de música, objetos de dibujo o pintura, entre otros muchos.

El origen de la palabra estuche es diverso, pero uno de ellas se atribuye que bien podría venir del latín vulgar studiare, de studium (cuidado), base que dio los verbos del antiguo francés estuier, estoier (encerrar, preservar). Así que pensemos en lo más valioso que tenemos…, la vida, y aunque podría considerarse que su estuche natural lo constituye el cuerpo, pues es inherente a la vida; todo aquello que rodea dicho cuerpo, debería de ser diseñado no sólo para preservarlo y cuidarlo, sino para que se desarrolle de la mejor manera.

En este sentido, puede afirmarse que la Arquitectura, es el estuche para la vida, pues se trata del diseño de todo lo construido, el medio en el que nos desarrollamos como individuos y como sociedad. Las complicaciones se presentan si consideramos la diversidad de situaciones por las que pasamos, desde las diferentes edades, pues nunca serán iguales los espacios para un bebe, un niño, un adolescente, un adulto y menos aún para una persona de la tercera edad. Pensemos en la diversidad de actividades que desarrollamos durante un día, descansar, comer, estudiar, platicar, trabajar, divertirse, etc., además de que todo resulta distinto si se trata de una mujer o un hombre.

En una escala más individual, la evidencia más clara de la relevancia de este “estuche” para la vida es el estudio de la neuroarquitectura, a través de la cual neurólogos, psicólogos, filósofos y arquitectos tratan de estudiar más a fondo la conexión entre la Arquitectura y el cerebro, donde a pesar de su alta complejidad se está comenzando a explicar cómo funcionan nuestros pensamientos, sentimientos, motivaciones y comportamiento; y como todo esto influye y es influenciado por las experiencias espaciales en que habitamos. Por ejemplo, la literatura al respecto reporta experimentos en los que se identifica que el diseño de espacios impacta a pacientes dentro de hospitales, que al estar en contacto vegetación y la luz natural tienen una recuperación más rápida. De igual forma, se ha documentado que el desempeño de trabajadores que permanecen en ambientes con luz artificial disminuye su productividad, con respecto a los que laboran en lugares con luz natural. Los estudiantes que trabajan en aulas con ventanas y buena ventilación obtienen mejores resultados.

En la escala social, a pesar de que la forma tradicional de afrontar esta relación se ha hecho a partir de la elaboración de programas de desarrollo urbano, éstos se diseñan mayoritariamente a partir de consideraciones sobre la ciudad, y no sobre la sociedad. Por esta razón, la mayoría de las veces se trata del diseño de un “estuche” que no cuida ni protege al usuario. Es preciso cambiar la perspectiva: se debe comenzar por establecer con toda claridad cuáles son los objetivos en materia social (propiciar que se pueda acceder a equipamientos sin necesidad de gastar dinero, disminuir el tiempo de traslados, garantizar mayor seguridad, mejores condiciones ambientales, etc.). En segundo término, es preciso definir la estrategia económica, en la mayoría de las veces los programas de desarrollo urbano plantean una “dosificación” y “zonificación” de usos de suelo que poco o nada tienen que ver con la vocación económica de la ciudad. Una vez que se tenga clara la estrategia económica y sólo entonces, se podrá planear el diseño de la ciudad, pues se trata del “estuche” que debe cuidar y garantizar que la estrategia económica cumpla su objetivo, que al final del día será: generar los recursos que hagan posible los beneficios sociales.

Hay ciudades que han logrado proporcionar un transporte gratuito en beneficio de sus habitantes, otras que garantizan el acceso libre a parques y sitios de sano esparcimiento; así como a actividades culturales como museos, exposiciones, festivales, pero sin costo; igual que el acceso a equipamientos educativos y de salud. Brindar seguridad se ha convertido en una prioridad, igual que la movilidad urbana, pues inciden en la competitividad económica de las ciudades, para captar inversiones que a su vez generen empleos para sus habitantes.

Volviendo al ejemplo inicial, no se trata de diseñar un estuche que sirva solo para algunos o para otros usos. Construir el estuche ideal para nuestra vida, depende de todos, bajo la dirección de las autoridades, que logren encauzar el interés y potencial de las inversiones públicas y privadas en beneficio de una mejor calidad de vida de todos. La ciudad es el estuche que debe proteger y garantizar el desarrollo óptimo de su contendió que somos todos los habitantes de una ciudad.

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