
Fue el grito en medio del silencio: Tigres campeón y se lo celebró a Rayados en su casa, al pie del Cerro de la Silla, con acento regio y en una Final inolvidable que quedará en la historia.
Tigres gritó campeón más fuerte que nunca. No se le daba en las Finales. Perdía partidos decisivos, pero esta vez ganó el juego más importante de su vida deportiva. Fue 2-1 (3-2 global) con autoridad y se convirtió en el nuevo monarca del futbol mexicano.
Pero no solo se quedó con el Apertura 2017. Su sexto título trajo un extra: es el primer equipo de la ciudad de Monterrey en bordar simbólicamente la estrella dorada que marcará un antes y un después en la vida del Clásico Regio.
Tigres, un experto en ganar Aperturas (levantó el trofeo en los últimos TRES), encontró un guiño del destino que le pagó lo que le quitó en el Clausura pasado frente a Chivas. Y vaya contra quien volvió a ponerse la corona.
Festejar en la casa de Rayados tiene un altísimo valor; pero levantar un trofeo en ese campo extraño, tiene una connotación emotiva sin punto de comparación. Nada iguala un título ante los ojos de su clásico adversario.
Tigres lleva el drama en las venas, pero también ese valor agregado llamado coraje, su plataforma de despegue en la cual se ha apoyado últimamente para saltar hacia los propósitos alcanzados. Le dio vuelta un marcador a Rayados y lo defendió a su antojo.
Rayados anticipó que podía ser cruel en ataque mientras le abrieran camino. A los 2’, Dorlan Pabón encontró un balón a modo que le bajó con el pecho Rogelio Funes Mori y facturó muy temprano en el partido.
Pero Rayados se quedó con ese gol en la memoria, pero perdió de vista el juego. Con el 1-0 especuló, esperó a Tigres y le cedió el control. Gravísimo error de lectura. No lo atacó más. Se quedó al aguardo de algún contrataque y ya no pudo levantarse.




