Pátzcuaro, campañas políticas y la tragedia de los bienes comunes

«El Derecho a la Ciudad» de Salvador García Espinosa

La semana pasada se anunció que el próximo jueves 30 de noviembre habrá una concentración política (mitin), en la Plaza Vasco de Quiroga de la ciudad de Pátzcuaro; dicha convocatoria me causó asombro, pues debido a los centenares de personas que suelen congregarse en eventos masivos de este tipo, lo primero que vino a mi mente fueron las áreas de jardín y el enorme esfuerzo que ha costado que se respeten para mantenerlas siempre verdes. Imagino la colocación de carpas y templetes que seguramente causarán un daño a las baldosas. No hay que olvidar que ya se han invertido recursos considerables para mejorar el piso de la plaza, y recientemente se acondicionaron rampas, iluminación y sonido ambiental, todo para proporcionar un mayor confort a todos los habitantes, visitantes y turistas que disfrutan de ese excelente espacio público que es la Plaza.

Hablar de realizar un mitin político en la plaza resulta hoy en día totalmente inconcebible. A estos actos masivos suelen acudir personas de diferentes localidades cercanas, y eso traerá como consecuencia que las calles circundantes a la plaza se saturen de autobuses que trasladan a los asistentes. Es de prever que habría un impacto negativo sobre los inmuebles circundantes a la plaza en perjuicio de la mejora continua que han tenido últimamente para elevar el nivel y calidad del servicio a turistas y visitantes. El público asistente no es un consumidor potencial para muchos de los comercios o servicios ahí instalados.

La pregunta que surge es inevitable: ¿No existe en Pátzcuaro un mejor lugar para realizar un mitin político? Sin duda que la respuesta es afirmativa; se dispone en Pátzcuaro desde instalaciones deportivas, explanadas, canchas, hasta algunas calles con poco uso, como el boulevard que comunica a la zona del embarcadero; sitios en donde se puede congregar cientos o miles de personas sin causar deterioro en su entorno.

Utilizar una plaza para eventos políticos no es algo nuevo, incluso generó una tendencia en el diseño de plazas, un ejemplo es la Plaza Melchor Ocampo en Morelia, donde se modificaron su diseño ajardinado similar al de la Plaza de Armas, para dar paso a una explanada que permitiera la concentración de personas con fines políticos. Otro ejemplo es la Plaza de la Constitución, conocida coloquialmente como Zócalo en la CDMX, o la explanada adyacente al Monumento de la Revolución.

La pretensión de asignar una vocación política a la Plaza Vasco de Quiroga en Pátzcuaro no debe verse como un asunto coyuntural o esporádico, porque ya ha pasado, pero de forma previa a la consolidación de su vocación turística. Por esta razón conviene recordar que en 1968 James Garrett Hardin, ecólogo y profesor estadounidense, de la Universidad de California, publicó un artículo denominado Tragedia de los bienes comunes. Este autor sustenta la idea de que este tipo de bienes están condenados a su agotamiento o desaparición debido a la ausencia de incentivos para evitar su sobreexplotación y agotamiento. El argumento principal es que, por tratarse de un recurso común no le pertenece a nadie y ninguna persona toma en cuenta los efectos negativos de su uso sobre los demás. El ejemplo ya clásico de Garrett Hardin es el de un terreno de pastoreo al que varios campesinos llevan su ganado.

En un escenario inicial todos llevan sólo una vaca para garantizar un reparto equitativo, pero un día, uno de ellos, ante la necesidad de más dinero, decide llevar una vaca extra, y aunque sabe que eso provocará un agotamiento más rápido del suelo, piensa que nadie lo notará. Como ve que obtuvo una ganancia mayor, decide llevar una vaca más y luego otra y otra y otra. Cuando se le cuestiona sobre el daño implícito a los demás campesinos, dado un mayor desgaste de la tierra, simplemente señala «no es mi problema».

En la primera década de los 90, la politóloga estadounidense Elinor Ostrom publicó su libro El gobierno de los bienes comunes, mismo que le hizo merecedora del premio Nobel en Economía en 1990, fue hasta esa fecha la primera mujer en recibirlo. En su obra, la autora sustenta la idea de que, contrario a lo señalado por Garrett Hardin, las comunidades han logrado gestionar de manera sostenible y organizada sus bienes comunes con base en acuerdos institucionales “robustos”. En contraposición con aquellas sociedades que con “acuerdos institucionales frágiles” o “fallidos” conllevan a la tragedia de los bienes comunes.

Bajo el marco anterior y aplicando la teoría de Elinor Ostrom, queda en evidencia que, para muchas ciudades, en este caso Pátzcuaro, se hace imprescindible lograr acuerdos robustos entre sociedad y gobierno, para “regular” el uso de los bienes comunes o públicos, como sería el caso de la Plaza Vasco de Quiroga. El acuerdo debe ser impulsado por la sociedad organizada, a fin de evitar que la autoridad en turno disponga de los espacios comunes en apego a intereses coyunturales; porque además de lo dicho aquí, por tratarse de un espacio patrimonial histórico, existen consideraciones relevantes que no deberían soslayarse.

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