
Narcomenudeo con drones se abre paso lentamente
Las nuevas mulas son ligeras, van por aire y pasan inadvertidas. Desde 2015, los drones, aviones ligeros que los consumidores pueden comprar por poco más de mil dólares, se han convertido en una fórmula ingeniosa para introducir droga en Estados Unidos. Un pequeño objeto volador, teledirigido y difícil de interceptar, es un método silencioso para pasar sustancias ilegales. Si cae, es relativamente complicado dar con el dueño.
Pero no ha sido el caso de Jorge Edwin Rivera, un ciudadano de Estados Unidos, de 25 años, detenido por pasar 13 libras, alrededor de cinco kilos, de meth (metanfetamina) cuyo valor en el mercado se estima en 46.000 dólares.
Rivera, que fue detenido a principios de este mes, confesó que era la sexta vez que repetía el proceso desde el mes de marzo. Su método le permitía pasar el cargamento desde Tijuana y recogerlo en una gasolinera de San Diego donde aterrizaba el dron. Por cada unos de estos envíos recibió 1.000 dólares.
La droga iba oculta en un cabás o lonchera, como dicen en México. El cargamento fue interceptado por la policía fronteriza y decidieron seguirlo para dar con el detenido.




