María Chuchena se fue a la playa

María Chuchena se fue a la playa

«La Grilla en Rosa» de Fabio  (versión que no ha sido corrida de un medio -recientemente-)

La semana pasada, Azucena Uresti, periodista de Milenio y de Radio Fórmula, anunció que salía de su noticiero en la cadena regiomontana por «las actuales circunstancias» después de 20 años en ese espacio.

Sucede que los dueños de Milenio, unos tales González, son muy lambisconcillos con los gobiernos en turno, aunque permitiendo dos que tres criticones para taparle el ojo al macho. Uresti, como Joaquín López-Dóriga, Carlos Marín, Gil Gamés o caricaturistas como Horax conviven en las mismas páginas con oficialistas que no mencionaré.

En días pasados, Uresti le dijo al mesías que es un agresor y misógino, enojado como estaba porque no le gustó que reportaran una masacre -otra- en Guerrero, y fingió no saber el nombre de María Chuchena, lo que causó el enojo de la periodista con el machito más zacatón de la República.

Los dueños de Milenio la ofrecieron en sacrificio para quedar bien con el -prefijo intensificador- mesías, de acuerdo a lo revelado por Héctor de Mauleón en su columna de este lunes:

«En el equipo de Uresti la historia no es la del “acuerdo mutuo” que las voces del oficialismo se han esmerado en difundir. El 8 de enero la periodista no había recibido aún la propuesta de extender su horario en Radio Fórmula a través de un nuevo espacio informativo.

«El 8 de enero Uresti fue puesta a elegir. Como había ofendido al presidente, o dejaba Radio Fórmula, donde no podía ser controlada y con frecuencia emitía comentarios que lo hacían rabiar, o se acababa el noticiero de las 10 de la noche en Milenio, la casa donde Uresti había trabajado durante los últimos 20 años.

«Esas fueron “las circunstancias actuales”.

«Esos fueron los “momentos de definiciones”.

«Se ha querido hacer creer que Azucena dejó Milenio para irse a Radio Fórmula. El detalle es que ella ya estaba en Radio Fórmula desde hacía cinco años y que la conducción de un programa matutino (el que acababan de ofrecerle) no interfería en lo más mínimo con la conducción de su noticiero nocturno.

«Hoy, el presidente que ha amenazado públicamente a los dueños de los medios, el presidente que ha cometido delitos exhibiendo datos personales de Carlos Loret de Mola, el presidente que lleva todo el sexenio atacando a este y otros periodistas, el presidente que lleva un lustro soltándole diariamente a los comunicadores las rabiosas jaurías que tiene a su disposición (“si ustedes se pasan, pues ya saben lo que sucede”, amenazó en abril de 2019, durante una “mañanera”), se hace el inocente tras la salida de Azucena: “que diga, que explique, yo no me atrevería, no somos iguales…”

«Todos y cada uno de los ataques con que este presidente ha intentado minar la libertad de expresión han quedado grabados: para nadie, salvo para los que se niegan a verlo, es un secreto que López Obrador no tolera la crítica y solo admite a la prensa que lo adula.

«Apenas la semana pasada, repito, vimos la manera en que agredió a Carlos Loret, cuando este periodista dio a conocer los negocios y el tráfico de influencias en que están involucrados sus hijos.

«Lo ocurrido con Uresti estará anotado en esa cuenta, y quedará en la historia del sexenio».

El despido de María Chuchena causó muchas reacciones que reprobaron las presiones ejercidas por el macuspano, que ya no disimula sus ganitas de ser dictador forever and ever.

Desde este espacio me uno a esa ola de reprobación a las gandalleces del mesías. Aunque pido que la indignación sea la misma para los periodistas no famosos a los que el mesías y su secta han dejado son trabajo (los más de 500 empleados de todos los departamentos de Notimex, destruida por la gorda corrupta Sanjuana Martínez junto a Carmen Lira, directora de «La Jornada», por ejemplo).

A María Chuchena no le va a faltar trabajo; a los periodistas de la infantería nadie los defiende ni los contrata.

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