El auditorio de las instalaciones de la Confederación Deportiva Mexicana, fue el espacio de la entrega de reconocimientos denominado “Pergamino a la Libertad de Expresión” y la medalla “Francisco Villa”, por parte de Grupo Radiofónico y Medios, y la Federación de Periodistas en Defensa de la Libertad de Expresión, donde el caricaturista Oscar Manuel Rodríguez Ochoa, quien firma como “Luy”, colaborador de distintos medios en la Ciudad de México y el interior del país, los recibió agradecido de estar en el trabajo al que ha dedicado su vida disfrutando de los trazos.
Para Luy los cartonistas son también editorialistas gráficos, porque emiten una opinión donde plasman su conocimiento y análisis crítico a través de los trazos, utilizando como ingrediente básico el humor como herramienta para conectar en una primera mirada con el lector.
Hacer caricatura es fascinante, piensa “Luy”, quien se ve trabajando en los años que siguen, no imagina su mundo sin este ingrediente que le ha traído una vida de arduo trabajo con muchas satisfacciones, donde también dedica parte de su tiempo a colaborar en radio y televisión.
En un ambiente festivo que reúne cada año al gremio, la colega de investigación y periodista independiente Yohali Resendiz, tocó fibras sensibles y de alguna manera cimbró con su discurso lleno de realidad: “Somos un gremio profundamente poderoso, tenemos la capacidad de exhibir abusos, contar historias que transforman vidas, señalar aquello que otros quisieran ocultar. Pero también somos, -hay que decirlo-, un gremio profundamente desunido. Vivimos corriendo detrás de la noticia. Competimos. Discutimos. Nos dividimos. A veces incluso olvidamos que, del otro lado de una cámara, una libreta o un micrófono, hay alguien que enfrenta las mismas presiones, los riesgos y las incertidumbres. Detrás de cada edición hay tiempo, esfuerzo y la convicción de que vale la pena detenernos un momento para mirarnos y reconocer el trabajo de quienes todos los días salen a contar la realidad. Y vaya que hace falta en este país. La violencia del abandono es la de los periodistas que entregaron décadas enteras a una empresa, estación de radio, a un periódico o a un canal de televisión y que un día descubren que ya no son necesarios. Que después de dedicar sus mejores años, madrugadas, coberturas bajo la lluvia, sus ausencias familiares, sus vacaciones canceladas y sus esfuerzos más grandes, son reemplazados con una facilidad brutal, como si fueran periodistas desechables. Como si la experiencia no importara…Porque el periodismo nunca ha sido solo un empleo para quienes estamos aquí, sino una forma de mirar el mundo. Una responsabilidad.”
La tribuna concentró nuestra atención con este discurso más amplio. La entrega de reconocimientos y medallas a más de 50 colegas de la Ciudad de México y diversos estados continuó para dar cierre con un brindis y departir en los pocos momentos de descanso de una carrera que lo exige todo.
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