
Columnas
«La vacuna ficticia» por Jaime Darío Oseguera
Gran debate ha causado el video que muestra a una enfermera fingir la vacunación de una adolescente en Morelia esta semana. El error, simulación o engaño consiste en que nunca se le aplica la vacuna a la joven que graba y distribuye las imágenes.
Vivimos un momento profundamente complicado, difícil y de muchas maneras inexplicable.
Hay muchas dudas respecto de las causas y consecuencias de la pandemia. No tenemos falta sino exceso de información sobre el virus. Se imponen las suposiciones, las creencias, la ignorancia y gana la desinformación. Lo que sobreviene de inmediato es la teoría del complot.
El razonamiento de la conspiración es siempre un buen elemento para la falta de respuestas. Gran parte de los problemas a que se enfrenta esta Jornada Nacional de Vacunación tiene que ver justamente con la desinformación.
Al inicio de la pandemia me pareció inteligente, aunque un poco excesivo, el ejercicio de informar diariamente sobre el avance de la enfermedad. El riesgo de estar frente a las cámaras de manera diaria, es que las palabras se interpretan de diferente manera según el contexto. Las palabras son como flechas, una vez que se lanzan no se pueden detener. Lo que se dice hoy, queda grabado en el colectivo como testimonio para mañana y las redes sociales guardan memoria de lo que se dice y lo que se hace.
Por eso las equivocaciones, contradicciones o comentarios irónicos e insuficiencias del vocero del gobierno Hugo López Gatell, han provocado preocupación más allá de la hilaridad y el chascarrillo.
Como consecuencia hay muchos ciudadanos dudando de la efectividad y alcance de la vacuna. Lo cierto es que la vacuna no elimina la enfermedad, y mientras no veamos el desarrollo de las mismas no podremos decir en definitiva que las vacunas acabarán con la pandemia; su eficiencia, reside en la posibilidad de reducir la gravedad, es un atenuante.
Lo cierto es que hay un segmento de la población, afortunadamente pequeño, que se rehúsa a vacunarse.
Los estudios sobre la efectividad de las vacunas regularmente los publican quienes las fabrican. Nadie vende malo, así que tenemos derecho de dudar sobre las estadísticas.
En general podemos resumir en tres tipos los escépticos sobre la vacuna.
1.- Los ignorantes. Hay un segmento de la población que cree que el Covid es una ficción, que no existe. No obstante la gran cantidad de muertos en el mundo, hay quien sigue pensando que es un invento para reducir la población y que es una manera de deshacerse de los adultos mayores o de regular el crecimiento demográfico.
En este grupo también se encuentran quienes más que estar informados, siguen el rumor, el chisme y la especulación sobre lo que “dicen que dijo alguien” en algún lugar del mundo y casi siempre refieren a dichos o hasta investigaciones absolutamente inexistentes. Viven felices bajo el velo de la ignorancia.
2.- Los informados e incrédulos. Hay otro grupo importante de individuos que sí están informados. Algunos pueden ser incluso médicos que razonan sobre las fases de desarrollo e investigación de la vacuna en sus diferentes presentaciones de acuerdo con las empresas que las elaboran.
La incredulidad consiste básicamente en negar la capacidad inmunológica de la vacuna porque no se hicieron los estudios requeridos por los estándares internacionales para analizar la respuesta inmunológica y el seguimiento de vigilancia sobre los efectos farmacológicos.
Esta posición razonada, casi siempre va de la mano sobre la duda respecto de la sustancia que se aplica. Con frecuencia escuchamos decir a quienes dudan que “quién sabe que te estén inyectando” o “que efectos secundarios puedan tener”.
También argumentan que no hay una sino muchas cepas de Covid y que la vacuna aplicada no es suficientemente efectiva para combatir el virus original y sus mutaciones.
3.- Los despistados. Aún hoy en día tenemos muchas personas a quienes no les va ni les viene el drama de la pandemia. Simplemente andan en lo suyo y no han dimensionado la gravedad del problema. Tal vez porque viven en entornos menos informados o porque razonan bajo el amparo de teorías conspirativas: que si es una forma de apoderarse del mundo por parte de un segmento de potentados o que si en el fondo se libra una guerra entre las élites del poder mundial que operan en la obscuridad manejando a su antojo a los gobiernos, las empresas farmacéuticas y como consecuencia la población.
Por eso es lamentable que se haya mostrado en el video la vacuna ficticia, porque puede ser un caso aislado dentro de los millones que se han aplicado. Contribuye a la desinformación. Alimenta la desconfianza que para nuestra mala fortuna es el elemento que prevalece entre alguna parte de la población. Queremos pensar que simplemente fue un error de aplicación por parte de la enfermera y que, en general, la Jornada Nacional de Vacunación, con todos sus defectos, será un elemento poderoso para evitar que aumente el contagio y la lamentable consecuencia de miles de muertes que siguen lastimando profundamente a nuestra sociedad.
Tendrá que haber una explicación muy concisa, clara, sobre ese hecho en particular para que no surjan o crezcan las dudas sobre la necesidad de que toda la población reciba la vacuna.
El esfuerzo es titánico y a veces es incomprensible que los gobiernos no se encuentren mejor organizados logísticamente para la aplicación. Acaso el resumen de todo es que nos tenemos que cuidar cada quien en lo particular para mantenernos sanos y evitar que otras enfermedades se acentúen o incluso vuelvan a surgir ante la urgencia de controlar la pandemia.
Se ve difícil, casi imposible, que los gobiernos vuelvan a cerrar la economía en esta tercera ola de contagios. Lo cierto es que mientras no estemos vacunados todos, el riesgo de muertes sigue siendo muy alto. Hay que hacer conciencia y vacunarse además de mantener la sana distancia, el uso de mascarilla y la higiene constante.
De ninguna otra manera podremos salir del escenario de terror que se está llevando a nuestros amigos y seres queridos.



