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La noche amarga del Pipa

Darío Benedetto camina lento por la antesala de la zona mixta, un pasillo tapizado de una alfombra verde que tiene auxiliares del Guangzhou Evergrande yendo y viniendo sin mostrar la euforia que se les supone por dentro. Benedetto, como cada jugador del CF América que salga por la puerta del vestuario, tiene los músculos faciales en tensión, ve sin mirar, los ojos en un punto del horizonte que tal vez le esté repitiendo jugadas clave del partido. ¿Será una ese mano a mano que con 1-0 el argentino quiso definir por arriba y no le pudo entrar bien a la pelota?

“Se la quise tocar despacio al palo lejano del arquero. No sé si pica mal o la agarro mal yo, no vi bien la jugada, pero son jugadas claves que por ahí te marcan”, explica el argentino, que tuvo mojada la pólvora que suele tener siempre bien seca en el momento menos deseado: la tarde-noche de Osaka en la que las Águilas no supieron aprovechar la ventaja conseguida y quedaron afuera de las seminfales de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2015. Adiós al sueño de intentar ganarle al FC Barcelona. A conformarse con terminar quintos…

La autocrítica explota sola: “El partido lo perdemos nosotros. No hicieron tanto como para llevarse el triunfo, sino que nosotros nos quedamos. Lo estábamos ganando y lo teníamos controlado. No fuimos lo suficientemente inteligentes como para poder sacar el resultado que queríamos y lo pagamos caro. En el vestuario había una frustración importante. Teníamos mucha ilusión en el Mundial de Clubes y perderlo así en el último minuto es muy duro, pero hay que dar vuelta la página”.

En el gol que abrió la cuenta a los 55 minutos se vio la conexión que tiene con Oribe Peralta, con quien convirtieron 7 goles durante la Liga de Campeones de la CONCACAF. Esta vez, el Pipa desbordó a su marcador por la derecha y metió el centro rasante que ilusionó a los azulcrema: “No vi clarito que él iba a entrar, pero la tiré al primer palo porque sé que él va a picar y tratar de anticipar al defensor. Nos llevamos muy bien.Cepillo es un gran jugador. Lo veía jugar en Santos y apenas llegué intenté acoplarme lo mejor posible a él”.

Benedetto llegó a México en 2013 para jugar en Xolos de Tijuana. Le costó mucho la adaptación porque, como confesó más de una vez, es “muy familiero” y extrañaba Argentina, donde se había destacado en el Arsenal de Sarandí multicampeón. Pero empezó a reencontrarse con la red y a comienzos de 2015 llegó al América.

Aún con la tristeza del adiós al sueño de jugar contra uno de sus ídolos, Lionel Messi, este fanático de Boca Juniors rescata su año personal: “Para mí fue un año muy lindo, muy positivo. Llegué al club más grande de México, pudimos ganar la Concachampions. Lástima que nos faltó a lo último en el torneo local y esta oportunidad tan grande que se nos escapó. Me voy con un gusta amargo porque no sabemos cuándo podremos volver a tener una posibilidad igual, pero hay que pensar en el futuro”.

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