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Guerra EE.UU.–Israel contra Irán muestra indicios de fracaso pese a golpes militares

Washington, D.C., 25 de marzo de 2026. La guerra que Estados Unidos e Israel libran contra Irán hasta este mes de marzo muestra varios indicios de fracaso estratégico, de acuerdo con diversos análisis internacionales, pese a que ambos países han obtenido logros militares de consideración en el terreno.

Objetivos declarados vs. realidad

El objetivo central de Washington y Tel Aviv ha sido debilitar de forma decisiva al régimen iraní, frenar su programa nuclear y desarticular su red de aliados regionales, con la expectativa de forzar un cambio profundo de conducta o incluso de régimen. Sin embargo, el gobierno iraní se mantiene en pie, conserva capacidad de mando y continúa ordenando ataques con misiles y drones contra Israel y contra bases vinculadas a Estados Unidos, además de operar a través de milicias aliadas en distintos frentes de Oriente Medio.

Diversos centros de estudios coinciden en que, aunque los bombardeos han destruido instalaciones militares, depósitos de armas y nodos de mando, “no han logrado el resultado político buscado” en Teherán.

Logros militares y sus límites

En el plano militar, Estados Unidos e Israel han impuesto una clara superioridad aérea y han ejecutado ataques masivos contra baterías de misiles, infraestructura militar, centros de mando y algunas instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní. Fuentes pro-israelíes sostienen que, en ciertos momentos de la campaña, se degradó de manera temporal una gran parte de la capacidad de Irán para lanzar misiles y drones contra territorio israelí.

No obstante, análisis independientes subrayan que el efecto ha sido principalmente retrasar y dispersar las capacidades iraníes, no eliminarlas. Pese a los golpes, Teherán ha seguido lanzando misiles contra ciudades israelíes y contra objetivos relacionados con Estados Unidos en la región, lo que pone en duda la eficacia de la campaña para neutralizar de fondo el poder militar iraní.

Razones del “fracaso” estratégico

Varios analistas señalan una fuerte asimetría de objetivos: mientras Irán solo necesita sobrevivir como régimen y seguir infligiendo un daño limitado para proclamarse resistente o incluso vencedor, Estados Unidos e Israel necesitan cambios profundos en el comportamiento o la estructura del sistema iraní para poder hablar de victoria.

También se critica la apuesta en la “ilusión del poder aéreo”: se confió en que bombardeos masivos y ataques de precisión, incluidos asesinatos selectivos de mandos militares, bastarían para doblegar a Teherán. La experiencia reciente en la región indica que el poder aéreo por sí solo rara vez consigue transformaciones políticas de fondo sin una estrategia clara para el día después.

A ello se suma la falta de una estrategia de salida definida: expertos apuntan que ni Washington ni Tel Aviv han explicado con precisión qué escenario considerarían como “victoria” realista ni cómo llegar a un final de guerra estable. Además, se subestimó la resiliencia del aparato estatal iraní, que ha mostrado capacidad para absorber golpes, recomponer mandos y mantener operativa buena parte de su estructura militar y política.

Respuesta iraní y expansión regional del conflicto

Frente a la superioridad aérea de sus adversarios, Irán ha optado por una “escalada horizontal”, extendiendo la confrontación a bases estadounidenses, rutas marítimas estratégicas y objetivos en países aliados de Washington mediante misiles, drones y fuerzas afines. Esta respuesta ha incluido ataques contra ciudades israelíes, instalaciones militares y diplomáticas, así como presión sobre intereses estadounidenses en toda la región, elevando los costos económicos y políticos del conflicto.

El resultado ha sido una crisis regional más amplia, con impacto en el comercio y en la seguridad energética, justo el tipo de escenario que Washington sostenía querer evitar. Al mismo tiempo, la guerra ha deteriorado aún más la imagen internacional de Estados Unidos e Israel, ya muy erosionada tras la campaña previa en Gaza.

Costes humanos y desgaste político

Los ataques y contraataques han provocado miles de muertos y heridos en Irán, Israel y otros países de la región, sin que ello se haya traducido hasta ahora en un cambio político claro dentro de la República Islámica. Israel enfrenta crecientes críticas y aislamiento en foros internacionales, mientras que Estados Unidos se ve presionado por aliados europeos y por una opinión pública global cada vez más escéptica sobre el uso reiterado de la fuerza militar en Oriente Medio.

Varios analistas interpretan este conflicto como un “fracaso profundo” en términos estratégicos, que exhibe los límites del poder militar estadounidense e israelí para imponer arreglos políticos duraderos en la región y acelera la percepción de declive relativo de la influencia de Washington en el escenario internacional.

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