«La Grilla en Rosa» de Fabio (versión 4×4 que no se atora en lodo alguno)
El adjetivo «atascado» se refiere en una de sus acepciones a alguien que, según la Real Academia de la Lengua Española, es «pertinaz, obstinado, terco»; en otras, a alguien que se quedó atorado en algún lugar, o que impide el desarrollo correcto de negocios, eventos o la finalización de algún asunto; y, más coloquialmente y en español mexicanizado, a alguien que es voraz para comer o acaparar algo.
Díganme en quién pensaron al leer lo anterior. En el mesías, ¿verdad? Porque todas las definiciones le quedan al puro fregadazo. No sólo se ha convertido en el mayor estorbo para el desarrollo de esta especie de país, sino que cree a pie juntillas que cada una de sus ocurrencias carísimas supera idearios y obras de todo el santoral de héroes de la Patria juntos. Y es un marrano insaciable cuando se trata de dinero, todo ajeno, que por alguna razón cree que debe ser de su propiedad y extrae de todos lados, siempre ilegalmente, con la dócil colaboración de su secta incrustada en los gobiernos de todos los niveles y de los cárteles de la droga.
Pues ese atascado quedó ídem en la Autopista del Sol, en el teatro que hizo cuando, por segunda vez en todo su sexenio, tuvo a bien darse un rol por una zona de desastre, en este caso el apocalíptico Acapulco, zonas dañadas a las que no va porque, dijo una vez, si se le mojan las pezuñas le pega moquillo y no puede salir a dar su función circense, su único trabajo en todo el día.
De completa pena ajena ver las fotos del espectáculo de la lástima que montó: el autoproclamado comandante supremo de las Fuerzas Desarmadas -por aquello de los abracitos a los delincuentes que tanto ayuda y protege el Iluminado- en un Jeep flamantito, pues los milicos andan estrenando desde que los compró el macuspano, y con media tropa trepada en el vehículo, queriendo desatascar al mesías que, muy de acuerdo con su inutilidad, nomás se le queda viendo al lodo en el que sus chambones choferes quedaron atorados.
Es la imagen misma de su desgobierno, aunque decirlo ya es un lugar común: un ocurrente que, pudiendo elegir una opción práctica y rápida -helicóptero- para acudir a Acapulco, sale con su batea de babas de pedir ir por tierra sabiendo que las vías para llegar están dañadas por derrumbes y aludes de lodo, tardando la friolera de diez horas para presentar sus dulces facciones ante los acapulqueños. Y con el mesías estaba todo el gabinete y hasta los más altos floreros de la Marina y el Pejército, entre ellos mi general el Chencho.
Toda esa plétora de buenos para nada atorados en algún punto. Cuando por fin llegó a Acapulco, por a’i de la nochecita, lo único que se supo fue que se reunió con la hija de su pinche padre, Evelyn Salgado, quien cobra por no gobernar Guerrero, y ya, pues no hubo ninguna información oficial de qué, cómo, dónde y a qué horas hizo algo el Primer Haragán de lo que queda de la Nación, a quien le urgía volver a Palacio Nacional a su función de las siete, porque es un artista comprometido y el show debe continuar aunque uno de los principales puntos turísticos del país esté en ruinas.
Además de montar el Circo de la Pena, se le reclamó al mesías que nunca dio ningún tipo de advertencia sobre la peligrosidad del huracán, a pesar de que la información sobre el fenómeno estaba disponible desde 24 horas o más antes de que tocara tierra. Y no advirtió porque dedicó su función de títeres a hablar del Poder Judicial en pleno.
Tampoco la juanita de Guerrero advirtió nada, porque eso de gobernar no está en sus obligaciones de carita inútil de un narcogobierno. Lo suyo, lo suyo, lo suyo es dejar que Papito Violador mangonee Guerrero a su degenerado gusto.
Pero el pocamadrismo no para ahí: este viernes, el mesías justificó ir por tierra con toda clase de manganas verbales para hacer pasar por aceptable lo inaceptable. Alegó que sí informó a los acapulqueños, basándose en el único tweet que algún despistado puso en su cuenta de Twitter como a las ocho y media de la noche, cuando ya el huracán estaba arrasando el puerto. Y sostuvo que no había muertos, sólo basado en sus otros datos, pues este jueves se informó de 27 muertos, que se sepa, y varios desaparecidos.
El desastre crece conforme pasan las horas, y la población de Acapulco hace lo que puede para empeorarlo, como robar tiendas grandes como si fueran carrancistas. Pantallas, refrigeradores, aparatos de todo tipo, menos comida, fueron saqueados por la turba integrada lo mismo por votantes morenistas que por gente que a leguas se ve que no les duele la cartera. Ah, pero no hay tos, dice el Faro de Sabiduría.
Esa misma mente preclara nos regala esta joya: «Tuvimos suerte, no fueron tantos muertos».
¿Suerte? Todo Acapulco hecho garras, un millón de afectados, quién sabe cuántos muertos, gente desaparecida, un desastre multimillonario, ¿y el mesías sale con que «tuvimos suerte»?
Suerte es ser un porro ignorante, rijoso, acomplejado, corrupto hasta la médula, rencoroso, vengativo, ladrón de dinero público y privado, usuario de Palacio Nacional como si fuera de su propiedad, y además ser un mantenido que no ha entregado un solo resultado positivo en más de cinco años, y pese a eso estar libre y dividiendo al país.
Ya quisieran esa suerte Acapulco y los municipios dañados.
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