10 de julio de 2015 (Maya Comunicación/Circulo Digital) Sin artificio, el lenguaje se convierte en un espejo que deja transparencias tras su paso. La imagen circula libremente por cualquier espacio capaz de generarla, como el de la ciudad.
Hace tiempo que el espejo natural de la poesía es la metrópoli, en la modernidad la naturaleza transmutó árboles por calles, sonidos por estridencias, paisajes serenos por distancias. La transformación obligó el cambio en la melodía, y da testimonio de ello el libro de Rafael Catana, Los pájaros de la cervecería coeditado por Ediciones sin fin y La zorra vuelve al gallinero.
Rafael Catana, fundador del Movimiento Rupestre, mantiene en su primer libro de poemas el mismo acorde guía, hacer una canción que hable de lo cotidiano, lo espiritual y lo urbano, de “dejar en los bosques el verso”; desde la desnuda experiencia de quien pierde y se pierde bajo cables de luz que sustituyen los cielos estrellados, “en todos los caminos donde los héroes no existen”.
Escindido, su decirse es una bocacalle cuyo único destino es el dejar atrás y entroncar con lo siguiente, con la próxima soledad, Nadie se da cuenta que sólo soy un fantasma/ Un reducto de alquitrán/ Una lluvia de estrellas/ La estatua del poeta en la plaza…
Sí, el poeta ha dejado atrás la naturaleza, pero no se ha liberado de la huella trágica que se sugiere a lo largo de este libro, en la sutil reconstrucción que hace de la figura del vagabundo antiheroico. Del poeta que no ha decidido serlo, a quien la imagen se la impuesto: “outsider, el invidente que escucha/ música para perdedores./ El poeta del zaguán que escoge las estrellas/Las devora/ Siempre llega tarde”.
Es el hombre que espera en la estación de camiones con preguntas, con rodillas o tobillos de mujer imposibles ya de alcanzar sino a través de la memoria, del insistente recuerdo.
No hay tiempo para la anticipación, para el reposo, el paso es citadino y el ritmo se vuelve entre los versos un personaje, porque existe la condena del continuar en medio del zumbido sordo, que se adivina, lo acompaña, lo rodea, y sumerge todo en una aparente nada.
Los pájaros en la cervecería es también un libro de temperaturas, más que de estaciones: “El invierno/Con su dulce voz de caramelo”, “Esperamos la escarcha de la madrugada”, las gotas, una mirada que se inclina hacia el verano, la lluvia. Las palabras miden el clima de la desolación que sigue al extravío.
Lo persistente, como esos pájaros, es el escozor de dar cuenta, o quizá sea más preciso decir, de estampar la vida, pues este callejear enciende estampas que arrojan luz sobre una circunferencia reducida al momento en que transcurre: “Cruzando la frontera con un acordeón/ Con todas las páginas en blanco mirando los pájaros/ Cuántos kilómetros para llegar a ti/ Esta carretera no llega a ninguna parte”.
Y en todo momento, escucha el lector el diálogo cercano, privado, entre la mirada y el paisaje íntimo que ésta provoca. Es la charla milenaria que emprende el hombre cuando encuentra replicado en un reflejo interior aquello que fuera le asombra y marca.
Lo que murmuran los pájaros, lo que no tiene palabras, lo que se intuye en la oscuridad, “un encuentro con la belleza con las terminales nerviosas del misterio”.
Rafael Catana nació en el puerto de Veracruz en 1955. Escritor de canciones, cantante y compositor, fundó y fue pilar del Movimiento Rupestre. Entre sus grabaciones destacan Un gato de corazón púrpura (Cintas de la imaginación, 1989), Polvo de ángel (Ediciones Pentagrama, 1991), El nagual (Opción Sónica, 1997), La rabia de los locos (Grabaxiones Alicia, 2001) y Caballo (Grabaxiones Alicia, 2012). Parte de su trabajo poético ha aparecido en antologías como: Palabra nueva. Poesía chicana (El Paso, Texas, 1986), Perros habitados por las voces del desierto (Aldus, México, 2014). Y en revistas como Mensuel 25, Casa del tiempo (UAM) y La zorra vuelve al gallinero.
Rafael Catana, Los pájaros de la cervecería. Coedición: Ediciones Sin Fin y La zorra vuelve al gallinero. México, 2015. Pp. 109.




