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El Derecho a la Ciudad LA CIUDAD POS T-MEC Salvador García Espinosa

El pasado lunes 16 de marzo se pusieron en marcha las mesas de revisión del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá, el conocido T-MEC, y aunque a simple vista pudiera parecer un asunto de la Secretaría de Economía, para el caso de México, lo que puede estar en juego tiene implicaciones muy diversas y significativas.

A partir de 1982, cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) y del TLCAN en 1994, México aceptó que el juego económico estuviera bajo las reglas preponderantes del libre mercado. El Programa Nacional Fronterizo que inició con Adolfo López Mateos en 1961 se fortaleció; las maquiladoras, en su mayoría extranjeras, han sido responsables del poco más del 70% de las exportaciones de manufacturas en México, situación que más que una fortaleza, generó una condición estructural que fue determinando lo que se produce y para quién se produce. De ahí que se hable de récord en exportaciones, y de atracción de inversiones.

Después de más de 40 años, la estrategia de apertura comercial ha sido crucial para transformar al país de una economía monoexportadora, dependiente y vulnerable a una economía diversificada e industrializada. La integración económica prometida se ha materializado más en productos que en personas o mercados laborales; la prueba más evidente es la del ferrocarril Kansas City Southern (KCS), ahora Canadian Pacific y Kansas City Southern, primera y única red ferroviaria transnacional de una sola línea de más de 32,000 km que conecta Canadá, Estados Unidos y México.

Este corredor que, para el caso de Michoacán, inicia o termina en el Puerto Lázaro Cárdenas, ha logrado estructura el territorio nacional en términos de ser un corredor industrial en torno al cual se han concentrado industrias particularmente del ramo automotriz. Este proceso se incentivó en 2022, cuando el entonces presidente Joe Biden inició el llamado nearshoring, con el fin de incentivar inversiones a las naciones que son amigas y socias comerciales confiables de Estados Unidos.

De manera particular, en México se esperaba esta manera; ya se está moviendo mucha de la inversión que Estados Unidos tenía en otras partes del mundo, para concentrarse en países como el nuestro, entre otros. Uno de los países que más aprovechó esta situación fue China, la inversión extranjera directa (IED) de este país asiático, dirigida a la industria manufacturera, se cuatriplicó entre 2006 y 2017, así como entre 2018 y 2023. Una prueba evidente es el crecimiento en ciudades como Aguascalientes, León, Silao, Querétaro, Torreón, Saltillo y Monterrey entre otras más. Sin embargo, dicha tendencia se modificó con la llegada de Trump a la presidencia en 2025, dada la incertidumbre y la desaceleración provocada por la amenaza de aranceles.

Las consecuencias de lo anterior en el ámbito urbano son distintas y muy diversas, van desde el cierre de industrias, la pérdida de empleos. La disminución de las expectativas de crecimiento ha propiciado que algunas inversiones realizadas en parques industriales o desarrollos habitacionales vean pospuestos sus horizontes de recuperación, prolongando temporalmente los esquemas de crecimiento disperso que caracterizan a las ciudades mexicanas actualmente.

Lo que México está revisando va más allá del T-MEC, es la revisión del dinamismo económico para los próximos años, lo que implica la generación de empleos y la captación de inversiones; para nuestro país no sería exagerando pensar que el resultado de las mesas de negociación determinará, en gran medida, si se continúa con el modelo basado en el sector exportador o se opta, a querer y no, por el fortalecimiento de las capacidades productivas internas y de la demanda de mercados.

Sin duda, existe poco margen de negociación, pues los intereses de México se verán minimizados ante la vulnerabilidad y dependencia energética que tenemos con Estados Unidos, así como en materia de remesas; que pasan necesariamente por aspectos de seguridad interna que para México se traducen en presiones por el control de los flujos migratorios y el narcotráfico.

Todo parece indicar que para Estados Unidos lo económico se supedita a lo político, y el principal objetivo que persigue es la alineación geopolítica de México y Canadá para eliminar el intercambio comercial con China.

 

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