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El bebé geriátrico, sus berrinches y sus indiólogos

«La Grilla en Rosa» de Fabio

Le habían ordenado por las buenas que se callara el hocico de una buena vez. Como siempre, desacata mandatos judiciales porque cree que su reino no es de este mundo, y el pretexto es que no le entregaron en sus corruptas y ensangrentadas manitas la orden del INE que manda que deje de mencionar y difamar a Xóchitl Gálvez.

El nivel infantil del ídolo de los ignorantes en proverbial: cuando acudieron los notificadores del INE a entregar el documento a Palacio Nacional, les dijeron que no aceptaban propaganda protestante y que no estaban porque andan de vacaciones, y ante tanta ausencia pues no podían recibirles el documento. Y como según el bebé geriátrico eso significa que al no tenerlo oficialmente no le han ordenado nada, otra vez la mula al trigo, destapando ilegalmente datos fiscales de Xóchitl mientras comete delitos en cadena nacional.

Así de pueril el nivelazo del estadista. Sólo falta que empiece a aventar su Gerber de ciruela pasa contra los chayotubers que van a darle tremendas lamidas de suelas y de otras cosas, encorajinadito porque Xóchitl ya pasó de fenómeno a huracán fuerza 10 para su planecito de robarse la elección presidencial e imponer a una títere con quien mandar cuando acabe su periodo legal, ese mismo en que ha hecho todo lo ilegal que se pueda ser como presidente, y a la vista de todos.

Con Xóchitl ya se le van juntando las demandas, pues no le ha dejado pasar una. Primero, por violencia política de género (por machito hocicón, pues); ahora, por violar leyes fiscales y la Constitución, esa con la que el mesías diario se limpia el c(h)ulo. LA Peje del Peje está cumpliendo su función de no dejar impune las bravatas, mentiras, amenazas y estupideces que hace y dice el no presidente más ratero, inútil y narco que ha padecido la historia nacional.

Pero no sólo es el líder de la secta. Sus fanáticos ya se dieron a la tarea de buscar la limpieza étnica de la aspirante a candidata. No les entra que alguien salido de una comunidad indígena, aunque sea ya mestiza, pueda triunfar sin sobres amarillos y sin trabajo legal comprobable.

Uno de esos indiólogos que andan buscando que el ADN se Xóchitl sea cien por ciento indígena, pobre, ignorante y explotable, que es como le gustan los indígenas al mesías, es, ni más ni menos, el adonis de facciones caucásicas Julio Astillero, ex guerrillerito rojillo ahora metido a periodista, que de no dedicarse a eso bien podría ser exhibido entre los muñecos de barro de El Tajín y no lo notaríamos.

Este imbécil, pues no hay otra definición, en ese afán periodístico -es un decir- de quedar bien con el cobarde macuspano, se puso a buscar el árbol genealógico de Gálvez, esperando que hubiera güeros de ojos verdes entre su ascendencia para ‘demostrar’ que no es ‘indígena’. Así de pendejo, así de bajo.

Lo mismo se puede decir del bebé geriátrico, a quien le importan poco las leyes y romperlas con tal de seguir guiándose por el hígado e inventarle todas las mentiras posibles a la senadora, mientras sigue en su chachalaquienta tendencia de inventar pretextos para no callarse la boca.

Eso no le va a quitar lo desabrida y opaca a su corcholata con indigenísimo apellido europeo, ni va a bajar a Xóchitl de donde él mismo la puso.

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