Debates presidenciales en 2024

yurisha andrade morales

Yurisha Andrade Morales*

El lunes de la semana pasada, la Comisión de Debates del Instituto Nacional Electoral acordó que en 2024 habrá tres debates presidenciales a celebrarse los días 7 y 28 de abril y 19 de mayo. La propuesta fue aprobada por el pleno del INE el jueves anterior. Se trata de uno de los ejercicios más relevantes que las y los candidatos pueden ofrecer al electorado para dar a conocer su conocimiento, perspectivas y propuestas de solución a la problemática del país. La Comisión también anunció la realización de un sondeo para conocer cuál es la temática que la ciudadanía quisiera que se aborde en estos ejercicios.

El INE entrará a una etapa de trabajo intenso para definir el formato específico de cada uno de los debates, con el preámbulo de los avances registrados en esta materia en 2018 y las lecciones que se derivan de los que fueron organizados en otros países y en México para las elecciones de gubernaturas en los últimos tres años. Lo deseable es trascender los monólogos con guiones preestablecidos y supuestas deliberaciones que se convierten en encuentros acartonados entre participantes que solo buscan agotar el tiempo con candados y reglas que protegen su interacción y evitan el contraste claro y preciso de las propuestas que hacen a la ciudadanía, sobre todo de quienes llevan ventaja en las encuestas.

Las condiciones y referentes existen para lograr formatos de discusión atractivos y adecuados para que conozcamos a las candidaturas que busquen la presidencia de la república, sin descuidar un entorno imparcial y equitativo. Es deseable propiciar intercambios intensos, pero respetuosos, donde las y los moderadores puedan insistir en obtener respuestas a preguntas que sean evadidas, lo cual podría ser incómodo para los debatientes, pero en cambio, abre un abanico para la información y evaluación del público que desea escuchar posturas claras que nunca aparecerán en tarjetas leídas, con los datos que a cada uno convengan. El compromiso de la autoridad organizadora está en diseñar esquemas que permitan a las audiencias conocer la pericia y el talante de las candidaturas.

Los debates son, esencialmente, foros de contraste para proporcionar a las y los más de 98 millones de personas que integrarán los listados nominales de electores, elementos para fortalecer la decisión que se expresará en las urnas el 2 de junio del año siguiente. No son una arena para las descalificaciones o las agresiones ni un escenario controlado para el lucimiento de alguna o alguno de los contendientes, constituyen un entorno plural para que todas y todos se expresen y para que la calidad de sus argumentos y propuestas sea el mensaje más importante para el electorado.

Es claro que los argumentos o los silencios, como le ocurrió a Javier Milei en el debate previo a la jornada comicial de segunda vuelta celebrada ayer en Argentina, presentan con nitidez a cada candidatura, da información útil a la ciudadanía para mantener apoyos o para retirarlos. Los debates deben mantener un entorno de exigencia para los y las participantes, dado que están en la búsqueda del cargo público de mayor relevancia.

En años recientes hemos testificado episodios inadecuados de candidaturas punteras en las encuestas que se han negado a asistir a los debates, como ocurrió con Jaime Bonilla el 28 de abril de 2019, quien no asistió al primer debate por la gubernatura de Baja California, quizá bajo el argumento de que debía cuidar su ventaja electoral, lo cual, de facto, llevó a que los votantes no conocieran con mayor detalle su oferta de gobierno; de ello, hay ejemplos de todos los partidos que para cargos federales o locales expresan resistencia a debatir. Otros casos documentados indican que ciertas candidaturas crecen después de un debate, como ocurrió con Gabriel Quadri, candidato presidencial de Nueva Alianza en 2012 cuando el 6 de mayo de ese año, luego del primer debate, fue señalado por diversos sondeos como el vencedor, aunque al final del proceso no haya ganado las elecciones, pero sí el margen de votos exigido para que el partido conservara el registro.

Desde mi perspectiva, los debates entre las candidaturas son espacios clave durante el desarrollo de los procesos electorales, en la medida que permiten a las candidaturas mostrarse a plenitud ante sus potenciales votantes. Son, también un mecanismo para evaluarlos y para conocerlos mejor, para que precisen qué ofrecen y cómo lo cumplirían. Las elecciones como mecanismo legítimo de renovación de los poderes públicos exigen de una sociedad informada y los debates son una fuente eficaz para conocer a quienes aspiran a gobernarnos o representarnos.

*Magistrada Presidenta del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán

@YurishaAndrade

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