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El tianguis de Puebla donde la gasolina robada se vende a 9 pesos el litro

A sólo unas cuadras del despacho del alcalde Filomeno Cruz, frente a policías municipales y a 10 minutos de un puesto de seguridad controlado por militares y agentes federales, todos los días opera un mercado donde, además de frutas y verduras, se venden litros de combustible robado de ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Es 29 de diciembre a mediodía. Los rayos del sol empiezan a tostar la piel de quienes entran y salen de la Central de Abasto del municipio de San Salvador Huixcolotla, que se extiende sobre 42 hectáreas de terreno aledañas a la carretera federal Puebla-Tehuacán, a únicamente hora y media de la capital del estado.

Aquí no hace falta preguntar por los huachicoleros, como se conoce a los hombres que extraen y comercializan el combustible robado. En cambio, ellos mismos se hacen notar: con mangueras transparentes y de color verde en mano, llaman la atención de los automovilistas, van y vienen entre pasillos en búsqueda de clientes, y se pierden entre las decenas de vehículos que llegan al lugar para recargar sus tanques.

Cada día, según testimonios de estos vendedores, alrededor de 30 camionetas con bidones de gasolina y diésel sacado de tomas clandestinas entran al tianguis y sus encargados instalan sus puestos. Entonces, codo a codo comparten el espacio con quienes ofrecen alimentos —y en ocasiones prenden fuego para cocinar— en este sitio donde la afluencia los domingos alcanza las 20,000 personas.

Entre los compradores, pocos preguntan por la calidad del producto. Tampoco se quejan del tráfico y las filas que se forman cuando muchos conductores esperan a ser despachados. Para la mayoría, lo más importante es el precio: los pesos que se ahorrarán surtiéndose aquí en lugar de hacerlo en una gasolinería.

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