Propongo a mis lectores de este portal hacer un alto en nuestras habituales reflexiones para recordar, de manera breve, el origen y significado de las emotivas fiestas patrias que cada año nos hermanan en el valor de pertenecer a esta hermosa nación. La ceremonia de celebración de la independencia nacional es mucho más que el protocolo de un simple festejo o de una recordación histórica. Tiene implicaciones que se asientan en la conciencia cívica de todas las y los mexicanos, en su relación con el gobierno y el Estado y en el reforzamiento de los valores que definen nuestra identidad en el concierto de las naciones.
La historia nos recuerda que fue en la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, al día siguiente de la celebración del día de la santa patrona del lugar, cuando el padre Miguel Hidalgo y Costilla dio el grito que inició la gesta independentista. Esa simbólica iglesia fue construida en 1778 y donde el padre Hidalgo tomó el curato en 1803. La relevancia histórica de la ciudad fue reconocida por el Congreso del Estado de Guanajuato según decreto del 15 de diciembre de 1947 que le impuso el nombre de Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional.
Dos años después, Ignacio López Rayón, siendo presidente de la Junta de Zitácuaro, Michoacán, en presencia de otros personajes como Andrés Quintana Roo, encabezó la primera celebración del grito de independencia en territorio del municipio de Huichapan en el actual Estado de Hidalgo, con una ceremonia descrita en su “Diario de Operaciones”, donde consignó: “Día 16 de septiembre de 1812. Con una descarga de artillería y vuelta general de esquilas, comenzó a solemnizarse en el alba de este día, el glorioso recuerdo del grito de libertad dado hace dos años en la congregación de Dolores por los ilustres héroes y señores serenísimos, Hidalgo y Allende”.
José María Morelos estableció en los Sentimientos de la Nación en el Punto 23°: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo y su compañero Dn. Ignacio Allende”. Más adelante, Agustín de Iturbide, el 27 de septiembre de 1821, pretendió establecer como fiesta nacional la entrada a la Ciudad de México del Ejército Trigarante, pero no prohibió los festejos del 16 de septiembre. Fue mediante decreto publicado el 27 de noviembre de 1823, cuando el Congreso reconoció que el 16 de septiembre es día de fiesta nacional, haciendo posible que la primera ceremonia del Grito con carácter oficial se celebrara en 1825, a cargo del presidente Guadalupe Victoria.
El escritor y diplomático coahuilense, Artemio del Valle Arizpe, en su libro “El Palacio Nacional de México”, atribuye a Antonio López de Santa Anna haber establecido en 1843 que el festejo fuera a las once de la noche de cada 15 de septiembre. En este breve recuento, es necesario incluir que en la celebración del Grito en 1854 se entonó, por primera vez, el Himno Nacional. Por su parte, el Emperador Maximiliano fue el primer gobernante que celebró en el pueblo de Dolores Hidalgo, arengando a la población desde la casa del cura Hidalgo; ya para la conmemoración de 1896, Porfirio Díaz ordenó trasladar la campana de Dolores al Balcón Central de Palacio Nacional, donde permanece hasta nuestros tiempos.
Si bien ninguna legislación incluye las palabras exactas que deben pronunciarse en la ceremonia cívica del 15 y 16 de septiembre, lo cierto es que el grito de independencia está en el centro de nuestro origen y en el corazón de nuestro nacionalismo. A pesar de la tradición de festividades que hay en muchos países que igual celebran su independencia, lo cierto es que ninguna de esas fiestas tiene comparación con la fiesta mexicana que se vive en la capital de la República, en las capitales de las 32 entidades federativas, en todos los ayuntamientos, embajadas y consulados. En ninguna parte como en nuestro país, simplemente porque todos somos mexicanos, con tradiciones, música, cultura, matices y muchas emociones que cada grito de independencia nos desborda por igual.
Magistrada del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán
@YurishaAndrade
