En 1944 Felipe Tena Ramírez en su obra Derecho Constitucional Mexicano, aludía que desde el siglo XV uno de los conceptos más debatido era el tema de la “soberanía”, arribando a los más disímiles y contradictorios significados, desde quienes se niegan a reconocer de su existencia, hasta quienes han guardado neutralidad o manifestado desdén; lo cierto es que la palabra no se puede ignorar, al estar establecida varias veces en el texto constitucional; para el constitucionalista la “soberanía” es un producto histórico, recordando que Jellinek afirmaba que se trata de un concepto polémico.
Tena en su obra nos recuerda que la idea de la “soberanía” se gestó a finales de la edad media para justificar ideológicamente la victoria que alcanzó el rey, como encarnación del Estado, sobre las tres potestades que le habían mermado autoridad: el papado, el imperio y los señores feudales; de la “soberanía” así entendida nació con el tiempo y sin esfuerzo el absolutismo, localizado en la persona del monarca, portador de las reivindicaciones del Estado frente a los poderes rivales.
Al sustituir la “soberanía” del rey por la del pueblo, los doctrinarios que influyeron en la revolución francesa no hicieron sino trasladar al nuevo titular de la “soberanía” las notas de exclusividad, de independencia, de indivisibilidad y de ilimitación que habían caracterizado al poder soberano; a partir de entonces, y hasta nuestros días (1978), indica Tena que se agravó la confusión que desde la cuna de la “soberanía” presidió el debate en torno de su naturaleza y de sus atributos.
La evolución histórica de la “soberanía” culminó al localizar al Estado como titular del poder soberano, con el fin de esquivar de este modo la peligrosa consecuencia a que llegó la doctrina revolucionaria cuando trasladó al pueblo el absolutismo del príncipe. El Estado, como personificación jurídica de la nación, es susceptible de organizarse jurídicamente. Mas como el Estado es una ficción, cabe preguntarse quién ejerce de hecho la “soberanía”. Toda la doctrina europea moderna insiste en que el sujeto de la “soberanía” es el Estado, pero fatalmente llega a la consecuencia de que tal poder tiene que ser ejercido por los órganos.
Para Tena la realidad se impuso sobre la ficción; la realidad consiste en que son personas físicas, en un reducido número, las detentadoras de ese poder sin rival llamado soberano, ejercido sobre una inmensa mayoría.
Dentro del sistema americano, el único titular de la “soberanía” es el pueblo o la nación, este titular originario de la “soberanía” hizo uso de tal poder cuando se constituyó en Estado jurídicamente organizado; para ese fin el pueblo soberano expidió su ley fundamental llamada Constitución, en la que consignó la forma de gobierno, creó los poderes públicos con sus respectivas facultades y reservó para los individuos cierta zona inmune a la invasión de las autoridades (garantías); la “soberanía”, una vez que el pueblo la ejerció, reside exclusivamente en la Constitución, y no en los órganos ni en los individuos que gobiernan.
En síntesis, Tena señala en su obra en cita que, la “soberanía” popular se expresa y personifica en la Constitución, que por eso y por ser la fuente de los poderes que crea y organiza, está por encima de ellos como ley suprema; que cuando en nuestra Constitución se dice en el primer párrafo del artículo 39 que la “soberanía” nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, se asienta una verdad parcial, que el glosador debe completar diciendo que esa “soberanía” se ejerció mediante el Congreso Constituyente que dio la Constitución, la cual es desde entonces expresión única de la “soberanía”, sugiriendo llamar “soberanía” a la facultad absoluta de autodeterminarse, mediante la expedición de la Ley suprema, que tiene una nación.
Hoy en México desconocemos el significado y alcance de la palabra “soberanía” que abandera el oficialismo que alude defender en una clara campaña electoral anticipada; las palabras de Tena Ramírez siguen vigentes 82 años después, frente a la serie de reformas inconvencionales que ha sufrido nuestra Constitución Política en manos de dicho oficialismo, que la ha trastocado sin mayor miramiento, destruyendo toda una doctrina sobre lo que debemos entender como soberanía nacional… @lvarezbanderas
