* “Si creen que van a nombrar a quien les dé la gana sin nuestro permiso, están muy equivocados, sería el mensaje del Ejecutivo
Por: Carlos A. Montaño
La semana dejó una postal que debería helarle la sangre a cualquier ciudadano que aún crea en la autonomía electoral.
El exconsejero del IEM y operador de cabecera del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, Humberto Urquiza Martínez, reapareció en los micrófonos locales para soltar una perla que no es una confesión, sino una declaración de guerra: “El sistema electoral creado en 2014 no funciona” y “las consejerías del INE ignoran la realidad política de Michoacán”.
Traducción: “Ustedes, los del INE, no son los dueños de esta plaza. Aquí mandamos nosotros. Y si quieren que el IEM funcione, van a tener que contar con el visto bueno del gobernador.”
Urquiza no habla por hablar. Habla porque el gobierno de Bedolla lo mandó a poner las cartas sobre la mesa. Su reaparición no es casualidad: es un mensaje directo al Consejo General del INE, que en menos de un mes deberá designar a las cinco nuevas consejerías del IEM.
El mensaje es claro: “Si creen que van a nombrar a quien les dé la gana sin nuestro permiso, están muy equivocados.”
El desastre que dejó la destitución: un IEM fracturado, sin quórum y sin rumbo.
Mientras Urquiza ajusta cuentas desde el exterior, el interior del IEM es un campo de batalla.
La remoción de las consejerías dejó al órgano sin quórum para sesionar. El INE, en un acto de absoluta desesperación institucional, tuvo que ejercer su facultad de atracción para resolver asuntos urgentes: consultas indígenas, acreditación de partidos y prerrogativas, porque el IEM sencillamente no puede operar.
Pero eso no es todo. La presidenta provisional, Selene González Medina, ha logrado el improbable mérito de enfrentarse a todos los partidos políticos al mismo tiempo.
El representante de Morena ante el IEM, Rigoberto Márquez Verduzco, lo dijo sin pelos en la lengua: “Todos los partidos políticos estamos analizando si nos sentamos o no nos sentamos en esa mesa con la consejera”.
La acusan de no tomar en cuenta a la consejera Carol Berenice Arellano Rangel, de ignorar las propuestas de los partidos y de gobernar con mano dura: “Debe de haber una democracia y no una dictadura”, sentenció.
Hasta Morena, sí, el partido en el gobierno está harto de la presidenta provisional.
Y para rematar, los despidos y la llegada de funcionarios foráneos han encendido las alarmas. La secretaria del IEM fue despedida un día antes de que concluyera su periodo, y se hicieron cambios en delegaciones administrativas con perfiles provenientes de Tabasco. ¿Tabasco? ¿No había gente en Michoacán? Los partidos ya lo han denunciado como una intervención.
El negocio del presupuesto: el as bajo la manga de Bedolla
Pero la verdadera joya de la corona está en el dinero. Porque si algo tiene claro el gobierno de Bedolla es que el que controla el presupuesto, controla el instituto.
El Consejo General del IEM, en un acto de previsión que raya en la complicidad, dejó abierto un boquete presupuestal de 78.7 millones de pesos para el periodo septiembre-diciembre de 2026, que casualidad, justo cuando inicia formalmente el proceso electoral para renovar la gubernatura, el Congreso local y los 113 ayuntamientos.
No fue un error. Fue una jugada maestra: sabían que necesitarían ese dinero para el arranque del proceso electoral, y lo dejaron pendiente para tener que negociarlo a la mera hora, justo antes de que arranque la contienda.
Y ahí es donde el gobernador entra con su as bajo la manga.
¿Quién creen que va a soltar esos 78.7 millones? El Ejecutivo estatal.
Y cuando lo haga, Bedolla tendrá al IEM exactamente donde quiere: con la mano extendida, suplicando dinero para poder organizar las elecciones. El árbitro electoral, mendigando presupuesto al mismo gobierno que tendrá que vigilar. ¿Alguien ve el conflicto de intereses o todos están distraídos?
Esto no es nuevo. Desde la reforma electoral de 2014, los gobernadores y congresos locales perdieron el control sobre la designación de los consejeros, pero encontraron un mecanismo de presión aún más efectivo: el bolsillo.
Negar o recortar el presupuesto a los OPLE se ha convertido en la herramienta favorita de los poderes locales para condicionar a los árbitros electorales. Y Michoacán no es la excepción; es la regla.
La red de poder: Urquiza aprieta, Hernández anota
Mientras Urquiza lanza advertencias desde el exterior, Ramón Hernández Reyes, el otro brazo de esta dupla de operadores, sigue instalado en el corazón del INE como coordinador de asesores del consejero Arturo Chávez. Hernández tomó nota de las declaraciones de Urquiza.
Y no hay duda de que ya está moviendo sus fichas para que el nuevo consejo que se designe el 31 de agosto no sea un dolor de cabeza para el gobierno de Bedolla.
Son la misma red: Urquiza presiona desde fuera, Hernández opera desde dentro. Uno aprieta, el otro anota. Y mientras tanto, el IEM se desangra, los partidos se pelean, los tabasqueños llegan a ocupar puestos clave y el gobernador se frota las manos esperando el momento de soltar los 78.7 millones a cambio de un árbitro dócil.
Conclusión: la ficción de la autonomía
La autonomía del IEM es un cuento. Un mito que se repite en los discursos pero que en la práctica se desmorona ante la primera crisis.
La remoción de los consejeros no fue un acto de justicia institucional; fue el detonante de una guerra por el control del árbitro electoral que Bedolla libra a muerte. Y en medio de esa guerra, los ciudadanos no contamos para nada.
El IEM no está en crisis por accidente. Está en crisis porque así conviene a los poderosos. Porque un IEM débil, fracturado y dependiente del presupuesto del gobernador es un IEM que nunca va a estorbar. Es un IEM que va a organizar las elecciones, sí, pero con la mirada puesta en quién le da de comer.
Mientras Urquiza hable y Hernández opere, mientras los partidos se peleen por migajas y el presupuesto se use como arma de coerción, la democracia en Michoacán será una ficción bien montada.
Y los ciudadanos, como siempre, pagaremos el costo de un sistema que premia la lealtad por encima de la independencia.




