Internacional

Sheinbaum envía ayuda a Cuba pese a restricciones

El gobierno de Claudia Sheinbaum ordenó el envío de dos buques de la Armada de México cargados con 814 toneladas de víveres hacia Cuba, en uno de los gestos de solidaridad internacional más llamativos de su joven administración. Los barcos zarpan desde Veracruz con alimentos básicos y artículos de primera necesidad para una isla que enfrenta una severa crisis de desabasto, agravada por el bloqueo energético y las nuevas sanciones impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump. Para la presidencia mexicana, este operativo es la prueba de que la política exterior “humanista” no se queda en el discurso, incluso cuando el entorno económico no ofrece márgenes amplios.

La decisión llega en un contexto incómodo: Washington ha advertido que impondrá aranceles adicionales a los países que sostengan el suministro energético a Cuba, lo que obligó a México a moderar –al menos públicamente– sus envíos de petróleo. Sheinbaum ha insistido en que su prioridad es “no poner en riesgo a México”, pero al mismo tiempo se ha comprometido a mantener la ayuda humanitaria a la población cubana, aunque eso implique navegar en la delgada línea entre la presión de Estados Unidos y sus propias promesas de solidaridad regional. El resultado es un mensaje político calculado: se detiene el combustible que puede detonar sanciones, pero se abren las bodegas de Marina para mandar alimentos, granos, leche en polvo y productos de higiene.

Mientras los contenedores se acomodan en las bodegas de los buques Papaloapan e Isla Holbox, en México se enciende el debate sobre las prioridades del gasto público. Los críticos subrayan que el país arrastra presiones fuertes en pensiones, salud y seguridad, y cuestionan que se destinen recursos logísticos y presupuestales a un aliado político en el Caribe cuando persisten carencias en regiones enteras del territorio nacional. Los defensores, en cambio, reivindican la tradición mexicana de ofrecer refugio y apoyo en momentos críticos, y acusan a la oposición de mirar solo el costo inmediato y no el peso simbólico y geopolítico de convertirse en el sostén regional de Cuba.

Sheinbaum parece dispuesta a pagar el costo político de esta apuesta: sabe que cada barco que sale hacia La Habana será usado en su contra en la discusión interna, pero también que la proyecta como una líder que no teme desafiar las presiones externas. En la práctica, los buques que cruzan el Golfo de México cargados de víveres llevan algo más que alimentos: transportan un mensaje de continuidad con la línea de apoyo a Cuba inaugurada en el sexenio anterior, ahora adaptada a un tablero internacional más hostil y a unas finanzas nacionales más estrechas. El pulso entre restricciones y solidaridad apenas comienza, y la ayuda humanitaria podría ser solo el primer capítulo de una relación bilateral que vuelve a colocarse en el centro de la política mexicana.

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