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Tormenta paraliza EE. UU. al menos 21 persona fallecidas hasta el momento.

Washington, 27 de enero de 2026.— Una megatormenta invernal, descrita por meteorólogos como uno de los episodios más severos de los últimos años, golpea a dos terceras partes de Estados Unidos y ya deja al menos 21 muertos, según recuentos basados en reportes oficiales y medios locales. El fenómeno ha provocado cortes masivos de energía y condiciones de riesgo por hielo, nieve y temperaturas extremas.

El frío extremo mantiene bajo alerta a una franja amplia del país, con cerca de 200 millones de personas potencialmente expuestas a los efectos del temporal, según estimaciones citadas en reportes internacionales. En el sur, estados como Tennessee, Mississippi y Luisiana aparecen entre los más presionados por fallas prolongadas de servicios básicos, con cientos de miles de usuarios sin electricidad reportados por plataformas de monitoreo.

Las muertes vinculadas a la tormenta incluyen casos por hipotermia y accidentes asociados a las condiciones climáticas, de acuerdo con reportes que recogen autoridades locales y medios. La emergencia evidencia un punto crítico: cuando el hielo derriba infraestructura eléctrica, la vida cotidiana se vuelve una trampa, especialmente para población vulnerable y personas sin resguardo adecuado.

El impacto también golpea al transporte: aeropuertos clave en Washington, Filadelfia y Nueva York registraron afectaciones severas, y se reportan miles de vuelos cancelados y retrasados en varios días de operación. Este tipo de parálisis no sólo es un problema logístico: es un factor de presión económica que se propaga a cadenas de suministro y servicios, con costos que terminan pagando hogares y comercios.

Para México, el foco no es el morbo del clima, sino la seguridad de las rutas comerciales y la continuidad operativa en nodos fronterizos y corredores logísticos que conectan con el mercado estadounidense. Cuando una parte importante del vecino del norte entra en modo de contingencia, aumentan riesgos de retrasos, encarecimiento de transporte y disrupciones de inventarios, lo que exige coordinación, información verificable y reglas claras entre autoridades y sector privado.

La lección institucional es directa: una crisis —aunque sea meteorológica— puede abrir espacios para la desinformación, el oportunismo y el influyentismo en contratos de emergencia si no hay controles. México necesita fortalecer su capacidad de protección civil, energía y logística con transparencia y rendición de cuentas, para evitar dependencia improvisada y para responder sin erosión del Estado de derecho cuando lleguen contingencias propias.

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