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El maguito AMLO quiere desaparecer los desaparecidos

«La Grilla en Rosa» de Fabio  (versión chiquitita así y hecha a la carrera)

Vivir de las apariencias. Eso ha sido este sexenio: puro bla bla bla y bluff para aparentar lo que nunca se tuvo: un buen gobernante, pues a la cosa que hay se le fueron los años como a los mariachis, en puro afinar y en ir a mear, sin lograr nada, absolutamente nada positivo.

Un estruendoso fracaso es su pacto descarado con los narcos que es la no-estrategia de seguridad «abrazos, no balazos», que pasó a ser una frase más de los idiotismos mexicanos, que, por supuesto, a los narcotraficantes y delincuentes organizados y no tanto les encanta.

Claro que, conociendo cómo son esos proactivos muchachos, les das la mano y terminan llevándose la mano, el tronco, la cabeza, la pierna o el cuerpo entero, y depende de las ganas que traigan ese día, te dejan malherido, convertido en divertido rompecabezas anatómico o simplemente se encargan de borrarte del planeta.

Las madres buscadoras han sido otro de los muchos colectivos y grupos de mexicanos que han sido sistemáticamente ignorados por el humanista de la República del Amors, desesperadas madres cuyo gran pecado es no haber sido mamá del Chapo Guzmán, pues en ese caso se habrían merecido hasta visita a domicilio para protocolario un besamiento de patas.

Al prócer ya le cayó medio gordito que le estén recordando que cobra por hacer un trabajo del que alegremente se desentiende, y por eso dice su mantra «no oigo, no oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado» a todos los problemas y a todos los ciudadanos que no son de la secta. Cuando no es eso, cuenta chistes y estupideces si le hablan de las masacres que perpetran sus protegidos del narco.

Como los desaparecidos son ya muchísimos y están demasiado presentes para estar tan ausentes, además de que ya se juntaron montañas de expedientes, el mesías ha ordenado a uno de los más patanes de sus arrastrados, Alejandro Encinas, que de volón pinpón se de a la tarea de disminuir el número de desaparecidios porque le afean su mundo ideal de castillos de cereza y nubes de algodón con muros de sobres amarillos para combinar.

Ya corrió a la encargada de la comisión correspondiente, y está en marcha un «censo» para «demostrar» que los desaparecidos no están tan desaparecidos y que son re’ poquitos, pues en realidad hay muchos jugando a las escondidillas y se hacen los interesantes al no salir de su guarida. Por eso quiere el Iluminado que se demuestre su cuento de que no hay tanto desaparecido, para que no se la estén haciendo de escandaloso jamón las madres buscadoras y las ONG’s nacionales y extranjeras.

Aún escrita, la idea suena muuuuy idiota, ¿verdad? Pues eso lo que pide el faro de humanismo mexicano.

No lo molesten con tonterías; él nomás es el presidente.

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