Abogados y organizaciones defensoras de derechos humanos consideran imposible que el gobierno de Trump reunifique a todas las familias migrantes que fueron separadas al cruzar la frontera con México en 30 días, como lo ordenó un juez federal. Explican que esto se debe al caos que existe con las bases de datos y a que todos los días autoridades deportan por separado a niños y padres sin avisar a las familias.
El temor de los abogados es que la Oficina de Asentamiento de Refugiados estadounidense no logre contactar a las familias y los niños terminen en centros de adopción. Para las autoridades migratorias no importa si los niños migrantes entran a Estados Unidos solos o acompañados, todos son registrados en el mismo sistema, todos acaban en los mismos albergues.
Mientras los menores aparecen en el sistema de refugiados, los datos de los padres se ingresan al sistema de migración y deportación. Estos dos sistemas son independientes uno del otro. De ahí que sea imposible contrastar la información y reunirlos de manera inmediata.
Otro problema es que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE por sus siglas en inglés, ha deportado por separado a padres y niños y no ha informado a ningún familiar. Y si ambos siguen en Estados Unidos pueden estar recluidos en albergues a cientos de kilómetros de distancia.
