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Busca ser el primer boxeador profesional transgénero

Pat Manuel se mira en el sucio espejo de aquel viejo gimnasio de box en Florida, minutos antes de subir al ring en busca de un boleto olímpico con el equipo femenil de boxeo estadunidense. Sueña con pelear en Londres 2012 y regresar a casa con una medalla olímpica. Ligera y menudita, Patricia trae las manos vendadas, calzoncillos rojos y una camiseta blanca. Debajo, un corpiño. Los gestos de su rostro muestran cierta inconformidad con lo que mira en el espejo. Se pone en guardia, lanza un jab al aire, da un paso al costado y esquiva un golpe fantasma. Quisiera mirar en aquel espejo a un boxeador musculoso, quizá un Mike Tyson o un Marvin Hagler.

-Pat, tu turno al cuadrilátero- suelta al aire Roberto Luna, manager del equipo gringo, quien en esos momentos tiene asegurados tres lugares en la aventura olímpica. Patricia puede ser su cuarta peleadora en Londres, quien ha librado tres combates y busca el boleto ante una rival llamada Tiara Brown.

Pat Peanut Manuel tiene muchas cosas que le dan vuelta en la cabeza. Desde hace muchos años dice ser un niño metido en el cuerpo de una chica, piensa transformarse en Patricio Manuel y seguir en esto del boxeo. Aunque no quiere perderse la oportunidad de perseguir una medalla olímpica en cuadriláteros londinenses, aunque sea dentro del cuerpo femenino.

De los vestidores al ring hay suficientes metros para pensar en su niñez, en su ropa de niño y juguetes para varones, al lado de su hermana Megan, así como el por qué una jovencita de madre blanca y padre negro ausente tiene la necesidad de intercambiar golpes con una desconocida. Trae puestos unos enormes guantes, como los que le regaló su abuela Patricia Jean Butler aquella lejana Navidad.

Pat tiene en sus venas sangre irlandesa, mexicana y afroamericana, una mezcla rica para cualquiera que quiera abrirse paso en la vida a puñetazos. Lo afroamericano le viene de un padre ausente, que no conoció. La otra mezcla la heredó de su madre Loretta Butler, mujer blanca que llenó la infancia de las niñas Megan y Patricia con ropa y juguetes de niño. Como aquellos guantes de box que la abuela Patricia Jean le regaló a la pequeña Paty, la misma que comenzó a jugar a peleas frente al espejo, a tirarse en la alfombra y a simular un trágico nocaut.

Durante años, Pat se miraba al espejo y observaba a una mujer incierta que le devolvía la mirada. En su adolescencia comenzó a hacer ejercicio para marcar los bíceps, el abdomen y pronto su abuela le regalaría una membresía al Commerce Boxing Club donde conocería al manager Roberto Luna.

Su abuela Patricia Jean había notado los gustos masculinos de Pat, por lo que decidió empujarla al boxeo cuando la chica estudiaba la secundaria. Nieta y abuela habían hablado al respecto y existía la promesa de un cambio transgénero, pero la súbita esperanza de representar a los Estados Unidos en el primer torneo olímpico para mujeres cambió, o mejor dicho, detuvo los planes.

Pat se encuentra en la esquina azul, mira a la distancia a la otra chica con guantes, de quien sólo sabe que se llama Tiara Brown. Poco escucha las indicaciones de Roberto Luna, su manager, pues en su mente se vuelve a mirar al espejo. Sueña con parecerse a Mike Tyson o al tremendo Marvin Hagler.

Aquel combate ante Tiara Brown pasó a ser algo anecdótico, poco para recordar. Pat Manuel se lesionó el hombro antes de que terminara el primer combate y el boleto olímpico le fue arrebatado. Aunque Pat, la niña que jugaba con guantes, pensaba más en la operación transgénero que en el podio londinense.

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