
Hace 50 años, Cecilia López Romero llegó a la calle Talavera de Ciudad de México para ofrecer sillas de madera para el Niño Dios, que su esposo, José Ramírez Escareño, elaboraba, una tradición comercial que cada año sostiene a miles de familias.
Entre el 2 de enero y el 2 de febrero, unos 900 comerciantes mexicanos venden en esta calle toda clase de artículos para vestir al Niño Dios con motivo de la celebración de la fiesta de la Candelaria.
Para cumplir la tradición de bendecir al Niño Dios, los creyentes necesitan veladoras que representan la luz de Cristo en sus hogares y que están entre los artículos que se ofrecen en el mercado de Talavera, una calle muy cercana al popular mercado de la Merced en la capital mexicana.
Desde hace 10 años, Luis Jiménez, uno de los 15 restauradores de Niños Dios que están activos en este mercado, repara diariamente de 100 a 120 figuras a cambio de un pago que va de 50 a 150 pesos mexicanos (entre 2 y 8 dólares), dependiendo su tamaño.
En los locales como el de Luis, los restauradores usan yeso cerámico para reparar a las figuras y enseguida emplean pintura en aerosol para darle el color de la piel y dan un retoque final con pinceles para delinear los labios, cejas, ojos, pestañas.
En el mercado se exhiben toda tipo de prensa y ropones para vestir estas figuras religiosas y aunque los comerciantes insisten en que «la iglesia sugiere que sean de color blanco» también tienen modelos de diversos Santos, de varios «equipos de fútbol, mariachis, y hasta de panaderos».
Dentro del variado catálogo para vestirlo sobresalen ajuares como el del Niño Doctor, el Niño Santo Papa, el Niño Azteca, el niño San Judas Tadeo y el niño San Juan Diego.
Los solicitados por estas fechas son las ropas de Niño de Atocha y Niño de las Palomitas, según comentan los vendedores en sus improvisados puestos.




